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Mis redes. Algo más sobre mí

Sonia Ramón | Galería
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Me senté bajo la sombra de un árbol imaginario a escoger los  textos para esta sección. Recopilé fragmentos de novelas, cuentos, presentaciones literarias y algunos tweets. El trabajo resultó más bien sencillo. Fue cuestión de abrir mi carpeta de par en par y tener en cuenta algo llamado Edición Crítica Ornitológica. Solo tuve que fijarme en dónde pájaros se posaban a cantar y en dónde a excretar.

Los textos que aparecen a continuación hacen parte de su cuidadosa antología.

“El mameluco amarillo canario de lana tejido por la abuela en la primera foto con papá y mamá. El vestidito de algodón rosa confeccionado por la tía Isaura al enterarse de su llegada al mundo. La camisilla rojo rubí de bayetilla debajo del suéter fuscia de lana merino el día en que la llevaron a casa. El cobertor magenta de vicuña traído de Cuzco por la abuelita para la visita donde los primos. El overol de mezclilla con apliques de tela cuadrillé  malva para salir en el triciclo. La jardinera gris ratón tableada con el suéter de lana azul oscuro todos chorreados de yogurt de mora durante el primer recreo. El vestido de rayas amarillas y blancas en dril, casi echado a perder por la tijera punta roma. El pantalón verde limón de dril, roto y manchado de sangre a la altura de la rodilla. El vestido blanco de otomán con cinturón de perlitas para la primera comunión. La falda marfil de lino pintada de sangre, esta vez, en la parte trasera […]”

Fragmento del cuento Crónica de un ropero. 2017.

[…] Esa misma noche, Teresa se puso su pijama de seda rosa y dos goticas de crema alrededor de los ojos, me besó con una risita malvada y se quedó dormida. Yo por mi parte, leí un rato y me entregué al sueño: Con un traje rojo, atiborrado de plumas de pavo real, Teresa lloraba cuatro lágrimas en una funeraria cuyas paredes pintadas de violeta y amarillo adquirían un toque lúgubre y a la vez innovador; ella se asomaba al ataúd y el muerto no era otro que yo. La gente se agolpaba para ver mi cadáver, mientras yo tenía plena consciencia de todo lo que ocurría en aquella sala de velación. Entre los dolientes se encontraba Ronaldo, el futbolista, que incluso antes de ver mi cuerpo enterrado ya le agarraba la cintura a mi mujer y le prestaba su pañuelo apestoso a loción de tres mil dólares.

Fragmento del cuento Trastornos del sueño. 2010.

Escribir es el intento por tocar el alma de las cosas que nos importan.

Tweet. 2017.

[…] “Este es el espacio donde respiro y exudo eso que se parece tanto a la libertad. Mi padre repite con frecuencia que las personas de apellido Rocca estamos sometidas a continuos cambios físicos y emocionales por las acciones de los agentes geológicos. Qué diablos será la libertad. La libertad es lo que haces con lo que te han hecho me respondió Sartre en un libro de máximas cuando se lo pregunté. Qué será lo que me entregan el calor obsequioso de los fogones, los hervores de los estofados de carne de res con sobredosis de laurel, los aromas dulzones, incluso tan voluptuosos de las cremas de leche aromatizadas con vainilla, las fibras brillantes de las carnes, la crocancia irresistible de los vegetales. Todo esto no es sino una droga de la que no pienso desengancharme jamás. Quizá mi historia con la cocina no es sino la vía que me llevará cada vez más cerca de la mejor versión de mí misma”[…]

Fragmento del cuento “Monólogo de Selma Rocca”. 2017.

El juego es una actividad necesaria para los seres humanos y tiene considerable importancia en la esfera social, puesto que permite ensayar ciertas conductas sociales; a su vez es herramienta útil para adquirir y desarrollar capacidades intelectuales, o afectivas y todo esto se debe realizar de forma gustosa, sin sentir obligación de ningún tipo y como todas las actividades se requiere disponer de tiempo y espacio para poder realizarlo. Creo que, sin problema alguno, los señores de Wikipedia podrían cambiar la palabra Juego por la palabra Literatura.

Texto editado y convertido en tweet. 2017.

La prenda más poética es la cazadora de piel.

Tweet. 2015.

[…] He visto un montón de cosas que no sabría explicar. He visto una gran casa con un piano y empleados con expresión amable, pisos limpisimos y una penumbra  alterada solo por los ventanales que revelaban la enorme belleza del exterior. La he visto a ella, a Edith, en bata, gritando por toda la casa, despeinada, blanca, blanquísima, tan perturbada. He sentido la potencia de su voz negando con alaridos la muerte de su amado Marcel. He visto sus lágrimas caer sobre los pisos brillantes. Ella me tomó y me arrodilló a su lado pidiendo que le dijera que nada había sucedido. Y yo allí, junto a ella, sobre la cama, no pude hacer nada, solo callar y masticar la codorniz que más bien debió ser gorrión. He visto sus ojos hinchados, las delgadas cejas casi perdidas en el óvalo de su cara marcada por el dolor y la locura.

Fragmento del cuento Menú secreto de Jeremy. 2008.

La vida debería ser siempre como la percibimos después del segundo trago.

Tweet. 2014.

[…] Toma lugar frente a mí el primer personaje del libro, de la sección del infierno, el hombre rendido y mudo, que contempla sin tregua la mujer del aeropuerto. Observo en sus pupilas, todavía, la huella de aquella dama del peine que lidia con el espejo. Su creador, Roberto Burgos Cantor, quien sabe de verdad que la exactitud es la poesía de la prosa, ha sido cuidadoso, la precisión en los detalles nos deja en esa misma sala de embarque. Un minuto nada más, se retira y le da paso al reservista con su habilidad para trazar líneas y armar planos de cocinas y baños. Reparo en su cara, sin arrugas, aprecio en su mirada ese regocijo de quien se ha podido librar de las tareas sucias. Sé que le da oportunidades a la casualidad, y aunque sabe que me molesta, se permite encender un cigarrillo, que a lo mejor le recuerda la noche del incendio, ese sonido del mar a lo lejos, también todas esas mujeres aterrorizadas. Con sigilo, se eleva la manga de su chaqueta de cuero y puedo ver su reloj nuevo y costoso. Se levanta, me guiña un ojo y se retira.

Fragmento de la presentación del libro El secreto de Alicia de Roberto Burgos Cantor. Feria Internacional del libro de Bogotá. Evento Universidad Central. 2013.

¿Existiría la literatura sino fueran las palabras caballos desbocados?

Tweet. 2015.

Estoy de acuerdo con Buñuel. La ciencia tampoco me interesa por presuntuosa, analítica y superficial; y porque ignora el sueño, el azar, el sentimiento, la contradicción y la risa, cosas que son preciosas para mí. Tengo sesenta años y la muerte me espera en la puerta de este cuarto de hospital. La ciencia no pudo curar mi enfermedad, tan distinto de lo que ha logrado en mi vida el sueño acompañado de la imaginación. La existencia se me va gota a gota, cierro los ojos y me encuentro con un fotograma, idéntico a aquellos que solían exhibirse en las entradas de los cinemas: el rostro de una mujer joven, pelinegra y pálida, a quien no conozco; quizás estas imágenes pertenecen a la secuencia frenética que, se supone, los humanos advertimos antes de sucumbir.

Fragmento de la novela Interludio rojo. 2015.

Mi imaginación es honesta. Por eso elijo preparar la cena para Oscar Wilde y escribir un cuento para Julia Child.

Tweet. 2015.

Cuando el médico le diagnosticó apnea del sueño, salió del consultorio directo a tomarse un batido de café. En cuanto alguien le dijo que bruxaba lo invitó a un bar a beber café al coñac. El día que le comenzó la cistitis se preparó un café americano. El medio día aquel en que descubrió que seguía con estreñimiento salió por un merengue con crema de café que bajó con un capuchino. Esas jaqueas no lo dejaron en paz hasta que probó el bavarois de café. Además dio fe entre sus allegados de que la muerte súbita va muy bien con buñuelos de viento al café acompañados de un buen mocachino.

Texto completo. Mini cuento Equilibrio. 2012.

Es sorprendente cómo podemos generar mayor empatía en la ficción que en la realidad. Deseamos fervorosamente el triunfo de los planes de Humbert Humbert, y sin embargo, la aracnofobia de nuestra madre nos resulta insoportable.

Tweet. 2015.

Por recomendación médica he venido a pasar una temporada en La noche estrellada de Van Gogh; todo gracias a que padezco de una espantosa fobia a la luz del día. Al llegar al pueblito desierto, pleno de farolas encendidas, me acomodo bajo un árbol para admirar mejor las nubes giratorias, las colinas azules onduladas, todas estas estrellas amarillas.  Desde aquí, le escribo una breve carta al médico contándole mi decisión de no volver nunca a casa, al mundo real; en ella le pido que me envíen el resto de las cosas. Alego que lo mío es incurable.

Texto completo. Mini cuento. Una temporada en La noche estrellada. 2015

No insista más, señor Xocolatl. Me resistí a Bombones, Fondants, Ganaches, Cocoas y Trufas. Ya sé que tiene usted tantos nombres como el diablo.

Tweet. 2014

[…] Trotsky se sentó confiadísimo, se colocó sus lentes —al pobre de nada le serviría—, y se dispuso a leer el artículo. Ramón, detrás de él, dudaba aún acerca de cuál de las armas que llevaba ocultas debía utilizar; el vivaracho Mercader había conseguido ingresar tres armas: una daga, un piolet y una pistola. Y Lev Davídovich Bronstein, más conocido como Trotsky, tan confiado, tan concentrado en la lectura del texto del confiable, muy confirable joven novio de su amiga y ayudante, ah, ¿quién iba a dudar del mosquito muerto? Trotsky sintió el golpe seco que le propiciaba Jaime Ramón Mercader del Río con el piolet en la parte de atrás de la cabeza. El ruso reaccionó de manera imprevista, quién lo creyera tan cara-pálida, tan cerca de la tercera edad; en vez de desplomarse, se revolvió, y agarró a Ramón con ímpetu, mientras chillaba para avisar a los guardias que llegaron enseguida para capturar al espía catalán, muy listo para que Stalin le besara los pies, y se los brillara con el mostacho, por supuesto que sí. El pobre Ramoncito. Antes de llevarlo a la prisión aprovecharon, claro, para descargarle una paliza que lo dejó con la piel en carne viva. Mercader fue llevado a la comisaría de Revillaguigedo donde le encontraron la carta que le habían preparado, una confesión de Ramón (pero firmada con la identidad falsa de Frank Jackson) en la que declaraba que su atentado contra Trotsky era algo personal, o mejor dicho que ya al conocer en persona a Trotsky le había decepcionado.

Fragmento del cuento La muerte de Trotsky. Ejercicio de simulación del estilo de Alfredo Bryce Echenique. 2011.

Si un día extraviáramos definitivamente todo lo que hemos escrito durante años, al menos tendríamos la vida para seguir escribiendo.

Tweet. 2012.

La señorita L. y el señor T. caminan hacia la misma librería, a la misma hora, sobre la misma acera. Sus manos parecen sincronizadas al empujar la puerta. En la sección de clásicos ella busca Ana Karenina y el señor T, Guerra y paz. Sin embargo, un arrollador impulso los lleva a invertir su búsqueda. Un travieso aleteo que invade sus estómagos luego se extiende por sus cuerpos. Absortos, se sientan a hojear  como en iluminación mística. Coinciden en la registradora a la hora de pagar. En la puerta los sorprenden la noche y el aguacero. Solo se respira encantamiento en medio del aire helado. Se miran de soslayo y toman rumbos opuestos, jamás volverán a verse. Cada uno abraza su libro,  se lo pega al pecho para resguardarlo de la lluvia, lo que provoca que sus corazones se agiten aún más con ese contacto. En la puerta de la librería reza: Un hilo rojo invisible conecta a aquellos lectores que están destinados a encontrarse con su libro sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.

Texto completo. Mini cuento El hilo rojo del destino. 2015

El don de la efervescencia encabeza la lista de cosas de las que no pienso deshacerme jamás.

Tweet. 2016.

Polpe di ciliegie mature vivono in queste labbra mie che spesso si avvicinano alle cose con la semplice gioia di sentirle Le unghie dei miei piedi sono così bianche quanto i miei denti  feroci Preferisco fare la doccia con sapone di violette, acqua tiepida e la porta aperta Chi c’è lì? Nella mia testa tutte le notti rimbomba una sonata di piano composta per un malinconico argentino nella profondità di un cabaret Rabbrividisco fino alle lacrime con le fotografie di guerra Ahimè, recitare nell’Opera di Vienna Quanta oscurità ci sarà dentro di me Tulipani alle finestre e libri con storie di fantasmi accanto alla vasca da bagno Ventotto anni ho sopportato la mia nonna affermare che le donne hanno solo due età, quella prima di aver dato a luce e quella dopo aver dato a luce… la mia esistenza è una vacuità Lo dice senza dirlo la vecchia.

Fragmento de Vaneggiamenti di Lydia Kru/  Devaneos de Lydia Kru. Versión en italiano y español. Retrato para un proyecto de novela. 2015.

Es asombroso que exista gente incapaz de entregarse a la peligrosa tarea de consentir la imaginación, la curiosidad y el apetito.

Tweet. 2015.

Nadie ha escrito nunca un decálogo de cómo identificar si estás realmente vivo, ciertamente muerto o indiscutiblemente en la mitad, pero de existir, me habría gustado leerlo. Siento un cosquilleo que viaja a toda velocidad desde la punta de mis pies hasta mi cabeza y regresa de inmediato a su lugar de origen. No me lo esperaba, pero la misma jovencita vuelve a asomar —esta vez en movimiento— secándose las puntas de su melena negra con una toalla blanquísima mientras fuma y se asoma de puntitas a la ventana e imagino que en algún momento podría convertirse —sin proponérselo—, en la Maja Desnuda. Ando sin apuros, como si acabara de fumarme un porro, pero no puedo ni quiero controlarlo. Me dejo llevar por esa extrañeza, por esa nueva experiencia carente de protocolos. Los ojos y el pelo negrísimo de la misma mujer ocupan la totalidad de mi pensamiento, el frío no se aparta. La imagen en movimiento de la Maja desparece, la atmósfera se oscurece y mi cuerpo es una figura de hielo de uno setenta y cinco que en cuestión de segundos se derrite hasta convertirse en vapor, como si se sublimara.

Fragmento del primer capítulo de la novela Interludio rojo. 2015.